INTEGRACIÓN SENSORIAL

Más allá de los 5 sentidos

Todos conocemos los cinco sentidos básicos: vista, tacto, gusto, oído y olfato. Pero, ¿qué conocemos de lo que ocurre con la información que nos aportan?. En este post hablaremos sobre la integración sensorial, capacidad que nos permite regular toda esa información.

¿Qué es la Integración Sensorial?

La Integración Sensorial (IS), también conocida como Procesamiento Sensorial, es la capacidad que posee el sistema nervioso central (S.N.C.) de interpretar y organizar las informaciones captadas por los órganos sensoriales del cuerpo.

A través de los sentidos, obtenemos datos sobre las condiciones físicas de nuestro cuerpo y del medio que nos rodea. Las sensaciones son impulsos de energía que activan las células e inician los procesos neuronales. Es decir, son como “el alimento del cerebro”.
Las sensaciones informan al cerebro de lo siente y hace el cuerpo, y el cerebro dice al cuerpo lo que tiene que hacer. En otras palabras, el Procesamiento Sensorial es la forma en que el sistema nervioso recibe los mensajes y los transforma en respuestas.


El concepto de integración sensorial (IS) fue acuñado por la doctora Jean Ayres, Terapeuta Ocupacional norteamericana en los años 60. Investigó a partir de observaciones realizadas en el tratamiento de niños con problemas en las actividades de la vida diaria, el aprendizaje o la conducta.
Con base en la neuroanatomía y fisiología, Ayres desarrolló posteriormente la Teoría de IS, definiéndola así:
“La integración sensorial es el proceso neurológico que organiza la sensación de nuestro propio cuerpo y del ambiente y hace posible el uso del cuerpo en forma efectiva dentro del ambiente” (Dra. Jean Ayres, 1989)
Esta disciplina se ha nutrido del avance de las neurociencias y de otras disciplinas.

La mayoría de nosotros podemos recibir los mensajes sensoriales y organizarlos sin esfuerzo en respuestas fisiológicas con un comportamiento “apropiado”.
Esto es, la IS es automática e inconsciente, no pensamos en ella, como ocurre al respirar o digerir los alimentos. Además, también es innata. Ocurre desde antes de nacer, cuando el bebé percibe los movimientos de su mamá en la barriga, por ejemplo.

¿Cómo influye la IS en el día a día de un niñ@?

A lo largo del día, en cada actividad que realizamos, recibimos millones de estímulos sensoriales. Pero muchos de ellos son irrelevantes para nosotros. 

Para funcionar adecuadamente en las actividades de la vida diaria es
necesario que nuestro cerebro inhiba información que no necesitamos. Esto nos permite prestar atención a lo que sí es importante para aprender y funcionar de manera adaptativa. Si este proceso funciona adecuadamente, cualquier niñ@ puede atender a su ambiente, disfrutar muchas experiencias de juego social y sensorio-motor, y participar en actividades de la vida diaria. Estas actividades pueden ser: recibir ser bañado, vestido o
desvestido, comer y dormir con placer y buena disposición, etc.

¿Cuál es la información sensorial que recibimos?

Todos nosotros estamos familiarizados con los 5 sentidos: vista, audición, gusto, olfato y tacto. Éstos nos brindan información del ambiente externo. Pero, además, existen otros dos sentidos: vestibular y propioceptivo. Al contrario que los 5 anteriores, nos brinda información “interna”. Es decir, nos dan la percepción de la velocidad del movimiento, de la presión sobre nuestras articulaciones y músculos, y de la posición de nuestro cuerpo en el espacio.

Junto con el tacto, estos dos sistemas son los responsables de favorecer un correcto desarrollo infantil a través de un sentido del “yo”. Un correcto funcionamiento nos brinda seguridad física y emocional, facilitando el desarrollo motor, social, emocional y académico, sumados al sentido de la visión y audición.

¿Qué sucede cuando hay problemas en la Integración Sensorial?

Si el flujo de sensaciones está desorganizado, las percepciones, el comportamiento y el aprendizaje semejan ser como un “embotellamiento de tráfico”.

Como resultado, podemos observar respuestas inusuales en la conducta y emociones, así como dificultades para organizar y planificar los movimientos. Esto impacta directamente en el desempeño cotidiano y en la participación en las actividades propias de cada edad.


En general, la disfunción dentro de estos sistemas sensoriales se manifiesta de diversas maneras y puede causar muchas dificultades para llevar a cabo las Actividades de la Vida Diaria (alimentación, vestido, higiene, actividades escolares, sociales, lúdicas y deportivas) y para sostener la participación en los diferentes contextos y entornos (hogar, jardín, escuela, y comunidad).

¿Cómo se representan los problemas en el procesamiento sensorial?

Los Trastornos del Procesamiento Sensorial o TPS, son condiciones en las que los estímulos sensitivos recibidos por el ambiente o por el propio cuerpo son pobremente detectados o malinterpretados. Esto provoca respuestas atípicas por parte de los niñ@s.

Algunos datos que nos hacen sospechar TPS en los niños son:

  1. Tu hijo responde poco o muchos estímulos habituales auditivos, luminosos, táctiles.
  2. Intolerancia a las texturas o a ciertas prendas de vestir.
  3. Intolerancia a ruidos fuertes o muy específicos.
  4. Respuestas extremas a texturas de los alimentos y colores.
  5. Dificultad para realizar tareas motoras finas.
  6. Dificultad para aceptar cambios o transiciones.
  7. Torpeza motora, caídas frecuentes, golpes fuertes.

¿Qué dificultades pueden aparecer?

Hiper o hipo-respuesta a los estímulos sensoriales. Un niño puede mostrarse hiper o hipo-responsivo a cualquier modalidad sensorial (táctil, vestibular, propioceptiva, visual, auditiva, etc). Podemos encontrar problemas de discriminación, de reactividad y de praxis.

Pobre Coordinación motora. La interpretación de la información sensorial es el desencadenante de la acción o praxis. Por este motivo, pueden observarse problemas de coordinación y déficit en las habilidades motoras gruesas o finas. Algunos niños pueden tener equilibrio pobre, mientras que otros tienen dificultad en aprender a realizar nuevas tareas de coordinación viso-motriz, como escribir. Esto puede ser evidente ya en preescolar, como signos de integración sensorial deficitaria. En la edad escolar, puede haber problemas en algunas áreas académicas o en el lenguaje, aunque posean buena capacidad intelectual.

Pobre organización del comportamiento. Como resultado de las alteraciones anteriores, los niños pueden ser impulsivos o de fácil distracción. También pueden mostrar falta de planificación al abordar las tareas. Algunos niños tienen dificultad al adaptarse a nuevas situaciones. Otros pueden reaccionar con frustración, agresividad, huida o rechazo cuando son conscientes del fracaso.

Pobre autoestima. Cuando un niño experimenta las dificultades mencionadas, puede no sentirse competente y, como resultado, desarrollar un comprometido autoconcepto. Un niño con buena inteligencia puede saber que algunas tareas son más difíciles para él que para otros niños. Pero, generalmente, no sabe por qué esto es así. Este niño puede parecer perezoso, aburrido o desmotivado. Algunos niños pronto encuentran maneras de evitar esas tareas que son duras y embarazosas. Cuando esto ocurre, se suele considerar al niño como problemático o testarudo. Cuando un problema es difícil o incomprensible, padres e hijos pueden sentirse, ambos, culpables. La tensión familiar, el pobre concepto de sus capacidades y, en general, el sentimiento de desesperanza prevalecen.

Terapia Ocupacional e Integración Sensorial

Cuando, a lo largo del desarrollo de un niñ@, encontramos estas dificultades, debemos tener claro que el profesional adecuado al que acudir es el Terapeuta Ocupacional.

El terapeuta ocupacional trabaja mediante el uso de actividades con un propósito establecido, que sean motivadoras para los niños, y haciendo uso del entorno. Así, se consigue la adquisición de destrezas y actitudes necesarias para que el procesamiento sensorial permita una correcta adaptación al entorno.

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