FALSOS MITOS SOBRE EL SÍNDROME DE ASPERGER

Trastorno del Espectro del Autismo

Podemos decir que cada vez hay un mayor conocimiento y conciencia colectiva de los trastornos del neurodesarrollo. Si bien es cierto que aún queda mucho por andar, siendo éste el motivo de nuestro post.

Esto ocurre, en particular, con el Síndrome de Asperger. Actualmente se conceptualiza como Trastorno del Espectro del Autismo, aunque esta nueva nomenclatura tiene sus más que menos detractores.

Como decíamos, este mayor conocimiento o interés también conlleva que se extiendan ideas “erróneas” sobre las características típicas del trastorno. Series o películas que tiene como protagonistas personas con síndrome de asperger, noticias “llamativas”, bulos… hacen que se extiendan estas ideas.

Estas creencias dificultan a quienes no se relacionan de forma habitual con personas con este trastorno, la comprensión de sus características. Incluso a veces genera que personas que si conviven con ellos/as, no sean capaces de identificar adecuadamente la sintomatología.

Falsos mitos

A continuación, exponemos una serie de ideas que consideramos “erróneas” y que nos encontramos habitualmente en consulta y procesos de valoración.

Con la explicación de estos falsos mitos, quizá planteamos nuevas dudas. Pero somos de la opinión, de que la duda nos lleva a nuevos conocimientos, llegando a nueva mayor comprensión del espectro.

Todas las personas con un diagnóstico de Síndrome de Asperger comparten exactamente los mismos síntomas.

Son habituales, en primeras entrevistas o evaluaciones, comentarios comparativos. Cuando se plantea la hipótesis diagnóstica, es frecuente que comparen a la persona evaluada con otra persona que ya ha sido diagnosticada de Síndrome de Asperger. En muchas ocasiones, se llega a negar que esa persona pueda tener este diagnóstico por el simple hecho de no presentar exactamente la misma sintomatología o nivel de afectación.

Es muy importante tener en cuenta que cada persona tiene un perfil único, independientemente del diagnóstico.

El nivel de afectación en cada área también va a ser particular. Es evidente que se comparte mucha sintomatología, pero la expresión del síntoma en cada persona está influido por multitud de factores que general la diversidad del espectro.

Es una enfermedad

Como bien se indica desde su inclusión y reconceptualización en el DSM-V, el Síndrome de Asperger, ahora Trastorno de Espectro Autista, entra dentro de los trastornos del neurodesarrollo.

Un trastorno es una descripción de síntomas, acciones o comportamientos específicos de una persona. No es una enfermedad, por lo que no hay una cura.

Todos tienen una inteligencia alta

Desde una opinión personal, es posible que series tipo “Bing Bang Theory” o “The good doctor” hayan creado una idea generalizada de lo que realmente es un tipo de perfil muy concreto.

Creemos que han ayudado a dar a conocer y acercar el trastorno al público, pero todo tiene su parte buena y su parte no tan buena.

Fuera de estos estereotipos, en consulta recibimos personas con perfiles muy variados. Pueden presentar por separado o en conjunto, dificultades en comunicación social, alteraciones sensoriales, patrones rígidos de conducta, talentos cognitivos, etc.

Carecen de empatía

Al igual que antes, todo depende el nivel de afectación y del perfil de cada uno/a.

Hay personas con un nivel muy bajo de habilidades mentalistas. Esto les lleva en muchos casos a perder mucha información “social” del entorno o, la que captan, la integran de forma poco eficiente.

Estas dificultades les lleva a malos entendidos, hacer comentarios o expresiones faciales cuando no deben…

Entonces, nos tenemos que preguntar, ¿falta de empatía?  En mi opinión, esa concepción conlleva atribuirles una intencionalidad, como si lo hicieran a posta, cuando en la gran mayoría de ocasiones, ni siquiera se dan cuenta.

Por otro lado, no pocos padres nos han comentado en alguna ocasión, una empatía “exagerada”. Un ejemplo podría ser llorar desconsoladamente por el sufrimiento de otros.

Posiblemente, ¿no nos estaremos refiriendo a otra cosa? Preferimos referirnos a una dificultad general en la regulación de habilidades mentalistas y emocionales.

Evitan relacionarse con otros, evitan el contacto físico, no miran a los ojos…

Este error habitual se puede plantear desde diez mil suposiciones diferentes, y volvemos a lo mismo, depende de cada perfil.

Uno de los criterios necesarios para poder realizar el diagnóstico, son las dificultades en comunicación social. Pero dentro de ello, pues cada uno/a manifiesta diferentes grados de dificultad por defecto o exceso. Esto es, personas con poco interés en relaciones sociales (de los que menos hemos encontrado), personas con mucho interés pero poca habilidad, otros más retraídos, “excesivamente” cariñosos o abiertos, con actitud imperativa u otros que se dejan llevar por los demás…

No entienden las ironías, sarcasmo, dobles sentidos…

Aquí intervienen muchos factores, entre ellos: edad, capacidad cognitiva, habilidades de compensación, si han asistido a intervención psicológica/psicopedagógica/logopédica, si se les ha insistido con ello…

Algunas veces mantienen sus dificultades y otras se convierten en expertos en ironías.

Conclusiones

Podríamos poner tantísimos “mitos” o errores… pero si algo queda claro es que todo tiene que ver con no intentar meter a todo el mundo en el mismo saco. Dicho de otro modo, todo tiene que ver con comprender realmente la diversidad.

Esa diversidad que ponemos por bandera para que se acabe la injusticia contra el que es diferente, para que se respeten los derechos de todos, para una integración “real”.

Pero si no empezamos a ver esa diversidad dentro del propio trastorno, poco avanzamos, dejando fuera a muchísimos niños/as, adultos… que no sienten que pertenecen a ningún sitio.

Defender la diversidad dentro del Espectro del Autismo plantea mayores dificultades a la hora de establecer un diagnóstico clínico, pero no haríamos lo correcto si lo hiciéramos de otra manera.

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