Cuídate, cuidador: El cuidador y los riesgos del Síndrome del Cuidador Quemado
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Hoy, 5 de noviembre se celebra el Día del Cuidador. Es una jornada dedicada a reconocer el esfuerzo de todas esas personas que dedican gran parte de su tiempo a cuidar a otras que necesitan de su ayuda.

TIPOS DE CUIDADORES

Formales

Son profesionales que han recibido formación previa sobre los cuidados que necesita la persona dependiente, tienen límite de horarios y un compromiso afectivo menor que los cuidadores informales. Trabajan en el hogar, residencias geriátricas, centros de día… El número de cuidadores formales está creciendo considerablemente.

Informales

Se caracterizan por no haber recibido formación alguna sobre los cuidados que debe recibir la persona dependiente, por no ser remunerados en sus tareas y no tener límite de horarios. Estos cuidadores tienen un gran compromiso hacia la tarea, debido a las relaciones afectivas que existen entre el cuidador y la persona dependiente. Principalmente suelen ser familiares quienes
desempeñan estas tareas, cónyuge o familiar femenino más cercano, aunque cada son más los hombres que cuidan o participan del cuidado del enfermo, en especial cuando se trata de sus esposa convirtiéndose ellos en cuidadores principales, realizando la tarea de forma muy satisfactoria.

 

LA TAREA DE CUIDAR

Realizar la tarea de cuidar a una persona dependiente conlleva un trabajo tanto físico como emocional. En la mayoría de ocasiones supone un desgaste importante. Algunas de las personas presentan el “Síndrome del cuidador quemado”.  Este síndrome fue acuñado en 1974 por Herbert Freudenberg al estudiar las consecuencias de aquéllas personas que se dedicaban al cuidado de personas toxicómanas. Freudenberg descubrió en estos profesionales periodos de ansiedad y estrés ligados a la falta de energía. Es por eso que este psicólogo estadounidense lo bautizara como síndrome burnout o “estar quemado”.

Tres años después, la psicóloga Cristina Masiach definió esta patología como un “síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal que puede ocurrir entre individuos cuyo trabajo implica atención o ayuda a personas”.

Este síndrome, que pudiera parecen poco común, lo padecen un 85% de los cuidadores. Es por eso que se debe vigilar muy de cerca pues es probable que conozcamos a una persona que lo sufra.

A continuación, enumeramos algunas de las alteraciones más comunes:

Alteraciones físicas

  • Malestar general
  • Alteraciones del sueño
  • Cefaleas
  • Anemia
  • Diabetes
  • Úlceras gastroduodenal
  • Trastornos osteomusculares (dolor, tendinitis, contracturas, hernias
    discales…)
  • Alteraciones del sistema inmunológico

Alteraciones psicológicas

  • Tristeza
  • Irritabilidad
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Sentimientos de culpa
  • Pensamientos erróneos

 

También sufren alteraciones sociales y económicas, ya que a medida que avanza la enfermedad el desgaste es mayor. El cuidador ha de ir adecuándose a los diferentes cambios que va sufriendo la persona dependiente. En ocasiones, se centra tanto en la persona cuidada, que deja sus amistades de lado, quedándose la persona cada vez más sola. Para evitar estos problemas es muy importante que el cuidador tome conciencia de que tiene que cuidarse, es necesario buscar ayuda y dejarse ayudar.

No es fácil para el cuidador reconocer algunas de las sensaciones que está sintiendo, ya que suelen ser negativas (rabia, tristeza, miedo…). A veces se cree que negando los sentimientos, éstos desaparecerán, pero lo que se consigue es añadir más tensión. Por ello es importante reconocer lo que sentimos y reconducirlo de manera positiva. No es un proceso fácil, pero tarde o temprano todos seremos cuidadores o precisaremos de cuidados.

Es de máxima importancia recordar que el cuidador tiene que atenderse bien para poder cuidar a los demás.

 

CONSEJOS PARA COMBATIR EL SÍNDROME DEL CUIDADOR QUEMADO

No soportar toda la carga del cuidado 

En ocasiones el agotamiento viene originado porque el cuidado del dependiente lo lleva a cabo una sola persona. Pedir ayuda tanto a familiares como a profesionales que puedan aligerar el peso de trabajo es imprescindible.

Fomentar la autonomía del dependiente

En la medida que la persona a la que se esté cuidando pueda realizar actividades por sí mismo, es necesario tratar que las realice por sí mismo. Esto será beneficioso tanto para el cuidador como para la persona dependiente.

Incentivar las actividades que supongan una distracción

Contrarrestar así el desgaste que conlleva cuidar a una persona. El deporte es uno de los mejores mecanismos para combatir el estrés. Tiene un valor preventivo y terapéutico para la depresión y al ansiedad. Además, mejora la conciliación del sueño.

No auto-medicarse

Lo realizan en muchas ocasiones para combatir los efectos de este síndrome. Los antidepresivos pueden conllevar intoxicaciones graves alterando el ritmo cardíaco e incluso convulsiones. Además, ciertos medicamentos generan adicción.

El estado anímico del cuidador es fundamental. De lo contrario el agotamiento y el desgaste pueden afectar negativamente a la persona de la que está a cargo.

 

No olvidéis, para poder cuidar, es necesario cuidarse primero.

 

 

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