CUIDANDO AL CUIDADOR: Figura esencial en situaciones que implican dependencia
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7 noviembre 2017 - 16:08, por , en Salud Mental, sin comentarios

El pasado 5 de Noviembre, se celebró el día del cuidador con el fin de dar visibilidad y apoyo a todas las personas que ejercen el rol de cuidadores de aquellos que sufren alguna enfermedad que cursa con dependencia.

A menudo, los cuidadores no son conscientes de la importancia de cuidarse a sí mismos, por el enorme estrés diario y la responsabilidad de permanecer vigilante las 24 horas. Aquí os aportamos algunas ideas sobre el síndrome del cuidador y sugerencias para cuidarse y, de esa manera, poder cuidar.

Cuando alguien es diagnosticado de una enfermedad que conlleva dependencia, debemos tener en cuenta que esa persona se ve gravemente afectada y sufre un fuerte impacto emocional. Ante esta situación, debemos prestar apoyo y dotar de recursos para que afronte, con la mayor calidad de vida posible y menor sufrimiento el proceso de enfermedad. Sin embargo, no debemos olvidar que esta persona convive en un núcleo familiar y esto va a implicar cambios en la dinámica y rutinas familiares. No obstante, pocas veces nos paramos a pensar en los efectos emocionales que sufre el cuidador.

Algunas enfermedades que implican dependencia y la necesidad de ayuda de forma continuada son: enfermedades neurológicas y neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson, esclerosis múltiple o el daño cerebral adquirido entre otras. También procesos oncológicos, dolor crónico, procesos paliativos, enfermedades mentales graves, personas ancianas dependientes, enfermedades raras, etc.

¿CÓMO REPERCUTE EN LA FAMILIA ESTAR A CARGO DE UN FAMILIAR DEPENDIENTE?

Necesidad de reorganizar la vida

El motivo principal es  incluir el cuidado del familiar dentro de las actividades cotidianas. Una parte importante del tiempo, ahora se  dedica a prestar ayuda a su ser querido en aquellas tareas que no puede realizar por sí mismo. Esto, inevitablemente, puede afectar a las rutinas y al estado de ánimo del cuidador.

Deterioro de las relaciones familiares 

Puede ocurrir por las tensiones que conlleva el cuidado y las diferencias de opinión. Además, no siempre existe un reparto equitativo de funciones y tiempo entre cuidadores, que produce la sobrecarga de uno de ellos.

Afectación del trabajo y la economía familiar

No es raro encontrar cuidadores que necesitan dejar su trabajo o pedir excedencias para ayudar a sus familiares. En otros casos la carga es mayor cuando el trabajo debe mantenerse y, además, se realizan las funciones de cuidar. El resultado es un incremento del cansancio y la tensión, y una mayor necesidad de organizar horarios.

Otras veces la familia debe hacer uso de cuidadores externos. Esto puede ir  acompañado de una sensación de estar incumpliendo o abandonando a su familiar al ir a trabajar. Si uno decide dejar de trabajar o contratar los servicios de un profesional que ayude en el cuidado, inevitablemente, los ingresos pueden verse disminuidos o afectados.

Salud debilitada

Es probable que quien ejerce de figura principal de cuidador sienta más cansancio físico y fatiga mental. Su vulnerabilidad a padecer enfermedades aumenta, así como la sensación de que su salud ha empeorado desde que inició el cuidado.

Estado de ánimo afectado

Se pueden experimentar emociones y sentimientos como tristeza, desesperación, impotencia, desesperanza, enfado, irritabilidad, preocupación, ansiedad, culpabilidad…

Otros sentimientos positivos también pueden aparecer. Al contribuir al bienestar de un ser querido, sentimos satisfacción. De la misma forma, podemos establecer relaciones más cercanas con la persona cuidada o con otros familiares. A veces la adversidad une y permite estrechar lazos.

¿CÓMO DE IMPORTANTE ES CUIDAR DE UN FAMILIAR Y CUIDARSE A UNO MISMO?

Cuidar de nosotros mismos es la mejor manera de estar preparado para cuidar de nuestro familiar. El AUTOCUIDADO  es algo fundamental  que no podemos olvidar cuando estamos al cargo de un familiar dependiente.

Pongamos un ejemplo: si durante un breve período de tiempo (por ejemplo, la hospitalización de un ser querido), se realiza un esfuerzo máximo y se deja en un segundo plano los propios deseos y necesidades, es como si estuviésemos haciendo un “sprint” o carrera rápida. Se llegará a la meta con cansancio pero sin dificultades. Sin embargo, si cuidar a este familiar se prolonga en el tiempo, estamos hablando de algo parecido a una maratón. Al afrontar la maratón como un sprint, experimentaremos  falta de energía, tensión continuada, fatiga e, incluso, el abandono de la carrera.

 

Cuidar sin cuidarnos durante mucho tiempo, provocará consecuencias que afectarán al propio bienestar y al de la persona cuidada. Si reflexionamos un poco… ¿hacemos cosas y tratamos a las personas de la misma forma cuando estamos alegres que cuando estamos tristes?¿cuando tenemos energía que cuando estamos cansados?

¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA CUIDARNOS?

  • Asumir una carga de tareas y responsabilidades acorde a nuestras capacidades, horarios y energías. Excedernos y sobreimplicarnos supondrá una carga que puede pasar factura.
  • Intente aprovechar toda la ayuda disponible. Puede proceder de centros de salud, de otros familiares, amigos o personas de confianza. Y siempre que pueda, delegue algunas tareas para poder afrontar otras actividades.
  • Si la ayuda no llega de manera natural, puede ser importante que la pida usted. A veces, contactar con instituciones y asociaciones puede ser de gran ayuda. En otras ocasiones, los profesionales de la salud pueden orientarle con cuestiones específicas: alimentación de su familiar, estrategias de movilización y posturas, manejo de cambios comportamentales y del estado de ánimo…
  • Organice su tiempo. Tenga un respiro, al menos, para poder comer con tranquilidad y dormir las horas suficientes para descansar. Estas necesidades básicas deben estar cubiertas para funcionar durante el día con mejor rendimiento.
  • Intente dejar espacio para atender a otros familiares, disfrutar de tiempo de ocio, relajarse… Es decir, cuidarse para cuidar.
  • Si se da cuenta que en ocasiones su familiar exige más ayuda de la que necesita por estar haciendo un mal manejo de la enfermedad, es importante poner límites. Es importante que su familiar sepa que está ahí para proporcionarle ayuda, pero también debe saber que en ocasiones podrá decir que NO para fomentar su autonomía y que realice cambios que sí puede llevar a cabo. No es mejor cuidador por hacer todo lo que la persona dependiente quiere.
  • Ser cuidador principal de una persona dependiente no es tarea fácil. Tiene derecho a experimentar cualquier tipo de sentimiento: tensión, tristeza, desánimo, sobrecarga, irritabilidad, ansiedad… Lo importante es poder identificarlas y aceptar que es algo completamente normal.
  • Evite el aislamiento. A veces, la persona que está cuidando necesita de otras personas que se preocupen de ella. Rodéese de gente que pueda proporcionarle compañía y apoyo.

¿CÓMO SABER SI ESTOY EXCEDIÉNDOME EMOCIONAL Y FÍSICAMENTE EN LOS CUIDADOS A MI FAMILIAR?

 

Se considera que las personas que cuidan a un allegado con dependencia, pueden desarrollar el síndrome del cuidador. Ocurre por la dificultad que comporta para el cuidador el cambio radical de su modo de vida, junto con el desgaste que provoca ver como un ser querido va perdiendo progresivamente sus facultades físicas y mentales, conforme avanza el curso de la enfermedad. El cuidador va  perdiendo paulatinamente su independencia, porque el enfermo cada vez es más dependiente.

¿CÓMO SE SI ESTOY SUFRIENDO EL SÍNDROME DEL CUIDADOR?

  • Han aparecido o se han incrementado problemas de sueño previos (despertarse de madrugada, dificultad para conciliar el sueño, somnolencia diurna,…).
  • Hay pérdida de energía, fatiga crónica y/o sensación de cansancio continuo.
  • Se da una situación de aislamiento social por estar focalizado en el cuidado de la persona dependiente.
  • Puede aparecer un consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol, tabaco, pastillas para dormir u otros medicamentos.
  • Se observan problemas físicos mantenidos. Suelen aparecer dolores de cabeza, palpitaciones, molestias digestivas u otros dolores constantes y sin motivo que, a veces, no mejoran con el tratamiento.
  • Aparecen en ocasiones problemas de memoria y dificultad para concentrarse, así como dificultades para tomar decisiones.
  • Hay un menor interés por actividades y personas que anteriormente eran objeto de interés.
  • Puede aumentar o disminuir el apetito, con consiguientes cambios en el peso corporal.
  • Se puede estar más irritable y hay probabilidad de enfadarse fácilmente.
  • Se le da demasiada importancia a pequeños detalles.
  • Pueden aparecer cambios frecuentes de humor o del estado de ánimo.

ALGUNOS RECURSOS QUE PUEDEN AYUDARTE

  1. Cómo cuidarse mientras usted cuida a su ser querido
  2. Guías gratuitas para cuidadores
  3. Guía

 

Sobre el autor
PSICÓLOGA CLÍNICA

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